La Vida Desde Arriba

Si vemos la vida desde arriba, pudiéramos ver que todo cambia, menos el alma. Que en los vaivenes de la vida, lo único que puede permanecer es nuestra consciencia, dignidad e integridad. Estas son nuestro templo interno inquebrantable, el que aloja nuestra alma.

Veríamos que a veces estamos en la cima y a veces en la lona, y que cómo manejamos ambas demuestra nuestro carácter. Que la gente viene y se va, y que aquellos que se quedan son los que realmente valen la pena. Que el amor no se compra, y la dignidad no está a la venta.

Que la mente es para pensar, el corazón para amar y el cuerpo para crear. Que la humildad es una cualidad ganada con los fracasos. Que nuestra seguridad se paga con cada momento en que nos levantamos, cuando pensábamos que no podíamos seguir.

Que nuestro tiempo es finito en esta tierra, y por ello podemos valorar la vida. Que al valorar la vida valoramos nuestro tiempo; y al valorar nuestro tiempo, valoramos nuestro trabajo, y así nuestra contribución al mundo. Que la razón del porqué hacer es tan importante como el qué hacer.

Que la belleza está en nuestros ojos y no en el exterior. Que un buen amigo vale más que miles de conocidos. Que una buena velada con gente consciente es mejor que muchas borracheras con gente inconsciente. Que la alegría es de aquellos que siguen siendo inocentes, y que los inocentes son los puros de corazón y consciencia.

Que una sonrisa y un cariño pueden curar hasta el corazón más amargo. Que aquellos que amamos no siempre estarán con nosotros y, por ende, es mejor estar presente. Que la vida es un regalo para experimentar lo que somos. Que lo divino está en lo mundano, y lo mundano en lo divino.

Que conocernos es mejor que correr de nosotros mismos. Que aceptar la realidad es mejor que pelearla, por mucho que duela. Que la verdad es la verdad, aunque la queramos contorsionar. Que está en nosotros dirigir nuestro barco, o seremos títeres de las masas mediocres. Que nada es perfecto y todo es perfectible.

Que no hay nada más valioso y sublime que el amor, y que no puede haber amor sin dolor. Que no hay lágrima mal llorada cuando es por alguien que amamos. Que la dicha de la vida es reconocida por los que saben que la muerte es inevitable.

Que si paramos la loca carrera del materialismo, podemos descubrir lo fascinante de nuestra existencia. Y que al final, cuando cerremos los ojos para decir adiós a esta tierra, veremos lo ignorantes que fuimos, pero que todo valió la pena.

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