¿Qué Hacer Con Tu Vida?

Todos nacemos del vientre de nuestra madre, y desde ese momento empieza nuestro camino en esta tierra. Ese camino, al principio, será en parte moldeado por el mundo que nos rodea, por la gente que nos educó, por aquellos que nos inspiraron y aquellos que tuvimos alrededor.

En esos momentos desarrollamos lo que creemos posible y lo que no, lo que creemos cierto y lo que no, lo que sentimos bueno y lo que es malo. Lo que somos y no somos. Si valemos o no.

Y así empieza nuestra búsqueda por sobrevivir en esta tierra, en este mundo que a veces es cruel y a veces amable. Buscamos vivir lo mejor que podamos, dado lo que hemos aprendido. Y ahí están nuestros límites: en lo que tenemos inconsciente en la mente, en el corazón. Ahí es donde residen los límites que heredamos y los que nos hemos autoimpuesto.

Si no pensamos, si no hacemos introspección, nuestras creencias inconscientes serán nuestro destino, y nuestro destino será el producto de lo que creemos.

Pero nuestro camino y el final de nuestra vida no tienen que ser regidos por aquello que vivimos cuando éramos niños. No, si paramos por un momento y sentimos. Si paramos y observamos cómo somos por fuera y por dentro. Si reconocemos aquello que creemos. Si somos honestos para ver el lugar donde estamos.

Y desde ese lugar honesto, a veces lleno de lágrimas y a veces lleno de alegría, podremos decidir hacia dónde vamos, y así cambiar nuestro destino.

Si llegas en tu camino a la humildad de valorar la verdad más que la mentira, podrás, a través del dolor y del amor de la vida, decidir qué es lo mejor para ti y para los que amas. Y así redirigirás tu destino.

Si prefieres confiar en tu compañero, apoyar y ser apoyado, verás la riqueza de la vida. Pero si te escondes por miedo o envidia, verás cómo tu vida se encoge, hasta que solo conozcas la miseria.

Si tu fracaso viene de intentar hacer algo bueno y mejor, estate orgulloso. Si tu fracaso es por miedo de no intentar, de no hablar, de no pedir ayuda, entonces reflexiona y ve que el miedo es la ilusión más creída de este mundo.

Nuestra autoestima, nuestra dignidad, es ganada por cada decisión que tomamos, por cada acción llevada hacia lo que es bueno para nosotros. Y destruida por cada acción que lleva hacia nuestra autodestrucción.

El objetivo de la vida no es terminarla, sino disfrutarla. Es vivirla con total presencia, honestidad, gozo y alegría. Es hacer en cada acto nuestro mejor esfuerzo, y así estar orgullosos de cualquier resultado.

El objetivo de la vida es amar y ser amados. Si tenemos esto, todo lo demás es secundario. Es crear con la mente, con el corazón y con el cuerpo. Es traer al mundo algo que no existía, y así dejarlo mejor de como estaba cuando nos vayamos.

No dejes que tu destino sea fijado por lo que viviste. Haz de tu futuro tus sueños, aunque parezcan inalcanzables. Porque un sueño realizado con trabajo es traer una idea a esta realidad, y al hacerlo descubrimos que somos cocreadores en este universo.

Así que nunca le creas a tu mente, ni a otros, cuando te dicen que eres pequeño, que eres nada, que no puedes o que no debes. Reta tus limitaciones, no tus sueños. Apoya tu esfuerzo y el de otros, no sus bloqueos.

Abre tus ojos y reconoce que eres magnífico, una estrella viviente, aunque a veces se te olvide. El materialismo de nuestra sociedad nos dice que somos lo que tenemos, que valemos según lo que poseamos. Esa es la gran mentira, hecha para que sigamos comprando.

Tú eres un ser divino viviente que refleja a su creador en su existencia. Eres poderoso y hermoso. La pregunta es si lo podrás ver.

Usa esta vida para descubrirte, crearte y amar a los que te rodean. Da más de lo que consumes, y así crearás seguridad en ti mismo.

¿Qué más puedes hacer con tu vida?

Previous
Previous

La Vida Desde Arriba

Next
Next

La Trascendencia Es El Camino